domingo, 14 de septiembre de 2008

Las fauces de la envidia


Mis sueños, aunque rotos, siguen vivos,
Mas trato de ocultarlos tras los párpados:
Los sueños de los otros, aun sin alas,
Hacen que irrumpa, insaciable, la envidia
Que sirve de alimento a la alimaña
Que abate a las estrellas con su inquina
Y aborta en su mortaja a la alborada.
¿Recuerdas nuestros sueños compartidos,
Mordidos por las fauces de esa bestia
Y huyendo por caminos separados?
Los míos, en su entraña desgarrada,
Conservan aún la luz de aquel venero,
Y temo que en el brillo de sus aguas
Encuentre la alimaña los periplos
Que llevan a la frágil fortaleza
-Cauterio donde sanas tus heridas-
Que alzaste con mi sangre derramada.
Y espero, en el insomnio, que se extingan
Las brasas que contiene el epitafio
Que llevo en mi pupila amordazada.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Dijo una vez Cela, despues del Nobel, al periodista que le entrevistaba que pusiera, por favor, que estaba pachucho del estomago pues si ponia que todo le iba de perlas la españa nuestra no se lo perdonaria y lo atacarian de todos lados, nuestra envidia, al envidia...un abrazo.

Anónimo dijo...

Rafa, ¿te das cuenta - o tal vez es mi impresión - de cómo, poco a poco, se va cerrando la herida?

Así lo espero, de corazón. Todas se cierran...

Un besito

Anónimo dijo...

Si siguen vivos, Rafa, los sueños son recuperables aunque a veces se tornen pesadillas. Si son sólidos, poco podrán conseguir las alimañas.

Un abrazo, amigo, ya pronto empezamos.Esperamos "verte" por nuestro blog

Prometeo:
Tu comentario me hace sonreir y me recuerda una frase no sé si de Napoleón que dice: "La envidia es un signo de debilidad", desde luego algo de razón lleva, no envidiamos a quien, según nuestro criterio, tiene menos o es menos y por lo general envidiamos antes que admiramos.

Saludos

Merce

Anónimo dijo...

Se extinguirá cielo, ya verás que si...
Besos