domingo, 19 de octubre de 2008

Reflexiones de mercado


Sábado, 18 de octubre, 11:37 de la mañana; Mercado del Carmen. “Éste es un lugar –voy pensando mientras camino entre el bullicio- que aún no se halla infectado de los contravalores del consumismo y el despilfarro de esta sociedad ególatra que nos ha tocado vivir en el mundo desarrollado; aquí la gente acude habitualmente a por poco más de lo necesario…” De súbito, un gran cartel en uno de los accesos me saca de mis pensamientos: “SE PROHÍBE LA MENDICIDAD Y LA VENTA AMBULANTE”.

En esos momentos una chiquillería, que no es habitual normalmente, recorre alborozada las calles del Mercado. “¿Puede usted colaborar para el DOMUND?”; es la mendicidad institucionalizada, cándidos niños, felices de solicitar las migajas que caen de nuestras opulentas mesas para ayudar a sobrevivir a sus hermanos empobrecidos.

“SE PROHÍBE LA MENDICIDAD…” Los empobrecemos y hasta casi les hurtamos el alma y, después, los prohibimos, los apartamos, los metemos debajo de la alfombra como basura que no tenemos tiempo de limpiar. Luego, una vez al año, enviamos a nuestros niños a las calles para tratar de lavar nuestras conciencias.

“SE PROHÍBE LA MENDICIDAD…”, “¿Puede usted colaborar para el DOMUND?”, dos gestos tan contrapuestos, pero a la vez tan ligados, como expresión de la insolidaridad y la insensibilidad que nos atraviesan como un carcinoma para que se mantenga y se siga perpetrando la injusticia.

“Sin duda –pienso-, el virus del egoísmo y la falta de empatía y amor que caracteriza nuestros tiempos lo infecta ya todo y, aunque en determinados lugares no sepamos reconocer sus síntomas, no por ello deja de estar presente. También aquí, en el Mercado del Carmen”. Doy mi limosna para el DOMUND; compro a buen precio unos chocos y unas doradas sin ser molestado por ningún pedigüeño desarrapado y proscrito, luego unas patatas... esta noche podré cenar tranquilo.

6 comentarios:

Ángela dijo...

¡Ojalá estuviera realmente prohibida la mendicidad! No debe ser tan difícil repartir para conseguir cierta equidad. Pero tristemente nadie nos ha acostumbrado a ello.

Estupendas reflexiones, sr. Éxodo.
Ten buen día. Un beso.

MeRieM dijo...

Ojalá no existiesen esos carteles, ojalá no existiese la necesidad de salir a mendigar porque no haga falta, porque todo el mundo tenga en su mesa algo para comer, porque nadie tenga que salir a pedir ni a robar para dar de comer a sus hijos… tantos ojalas y tantos porque que me quedaría sin espacio para escribir.
Esta sociedad es hipócrita y burda por necesidad, quizá algún día dejemos de ser así… quizá.
Mientras tanto me gustan tus reflexiones casi tanto como tu poesía.
Un beso de domingo, es decir, resacoso y nublado. ;)

Sintagma in Blue dijo...

Qué difícil hacer callar la conciencia...

Anónimo dijo...

Porca miseria. Somos puro teatro, la hoguera de las vanidades, pura entelequía, cuerpos satisfechos.
Buena reflexión Rafa, yo era una de esas niñas pedigüeña para el domund, para los negritos, para las monjitas de no sé que sitio, para, para, para...
Beso te doy... que no pido, ya sólo pido la hora, de vez en cuando

Estoicolgado dijo...

parece no tener remedio

Manuel Rubiales dijo...

Precisamente el día anterior, el viernes, estuve en el mismo mercado y me quedé también observando el cartelito, me saltó a la vista como un sapo imprudente, me molestó, atacaba directamente a la boca mi estómago, yo, sin embargo no pensé en el domund, pensé en todos esos bancos que andan mendigando dinero al estado para poder seguir haciéndonos usura legal y favores con recobro. ¿quíenes son más mendigos...?. Si pides un euro eres un despojo social, si pides diez mil millones eres una entidad financiera refinanciable. Estamos cabeza abajo y tan felices. No lo entiendo.