sábado, 17 de marzo de 2012

En un cementerio de sueños


La tenue luz crepuscular celada
de súbito por nubes procelosas,
pensar me hizo en que así todas las cosas
por siempre habrían tinieblas por morada.

Después, con la tormenta desatada,
golpeando de granizo, atroz, las fosas,
creí escuchar crujir las espantosas
reliquias de algún alma allí apresada.

¡Quise escapar de aquel lugar sombrío!
Pero un turbión de barro funerario,
pegándose a mis huesos por sudario,
ahogaba los despojos de mi brío;
y al fin, cuando de angustia hube despierto,
crujir sentí en la entraña un sueño muerto.

2 comentarios:

erato dijo...

Cuando los sueños mueren el panorama interno es mucho más desolador que lo que hay afuera.Qué bien lo has contado tú! Un beso desolado

Anónimo dijo...

Poema clásico y bello, con un inicio muy musical. Enhorabuena