miércoles, 16 de octubre de 2013

Montoro (Agustín Casado)

La más brillante cabeza,
cuyo brillo cegaría
a la luz misma del día
con su bruñida limpieza,
no lo es por sabiduría.
Monumento a la alopecia
fuente es de ideas necias
si es que acaso no vacía.
Calvicie que le adereza
como a un palmero lo haría
la flamenca virguería
de esos rizos en guedeja
con que su coquetería
tapar quiere con torpeza
la ausencia de otra maleza
pilosa en su anatomía.
Cogote por bulerías,
no le añaden más belleza
las nuevas gafas francesas
con que miran sus dioptrías.
Risilla de comadreja,
puntiagudas las orejas,
del Gollum triste sosías,
uno al verlo esperaría
de su vocecilla vieja
escuchar la letanía
doliente como una queja
de este hobbit que maneja
torpe nuestra economía:
¡Mi tesoro, mi tesoro…!
Señores: ¡su señoría
Cristobalito Montoro!
Celoso guardián del oro,
la cinematografía
-vino a decir hace días-
desde que el cine es sonoro
ha supuesto una sangría
que nos desangraba a chorros.
Subvenciones por el morro,
las salas medio vacías
y venga a pedir socorro
la artística progresía
llorando todos a coro
mientras ruedan porquerías,
mientras filman sólo bodrios.
El que quiera fantasías
que siga fumando porros
y durillos que me ahorro.
Mas quedaba todavía
escucharle al muy ceporro
contador de tonterías
la que no mejoraría
ni el que se comía los mocos.
Quién si no hoy osaría
sin tenido ser por loco
por si hubiera sido poco
aquella majadería,
el dislate extraordinario
de afirmar que los salarios
suben que es una alegría.
Y el vampiro tributario
mientras tal cosa decía
conejil se sonreía
cara a los telediarios.
Aplicando la teoría
de las medias y los ratios
puede que este perdulario
hiciera la cuenta fría
de un muestreo con muestrario
en el que se medirían
la paguilla de agonía
de trece curros precarios
a lo que se sumaría
la gloriosa fruslería
del decacuadruplicado
beneficio ordinario
que amasó la compañía
del seño’e su señoría
Cospedal y chollos varios.
Entonces dividiría
por catorce aquel erario
y que venga ahora un notario
cual testigo fedatario
y que afirme si a fe mía
en su aspecto promediario
no han subido en su cuantía
esos catorce salarios.
O tal vez por el contrario
no habla con alevosía
cuando dijo que subían
del curro los honorarios,
y simplemente se lía
su entendimiento primario
cuando lee los diarios.
Ya dice el informe Pisa
-lo dice Europa, va a misa-
que es más que deficitario,
cortito y hasta lisa
y llanamente precario
el cerebro que utiliza
el español de esta guisa
a la lectura enfrentado
de ese texto literario.
Y el de la siniestra risa,
ministro de nuestro erario,
tiene brillante cabeza
cuyo brillo cegaría
a la luz misma del día
con su bruñida limpieza,
mas no por sabiduría.
Monumento a la alopecia,
fuente es de ideas necias
si es que acaso no vacía.


Texto e ilustración: Agustín Casado

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