lunes, 16 de junio de 2014

Recuerdos de adolescencia (12): Sesiones de tarde del año 1945 (Carlos Parejo)


A la hora de la sobremesa escuchamos la radionovela de Guillermo Sautier Casaseca sobre alguna obra maestra de la literatura, desde Fortunata y Jacinta al Conde de Montecristo. La melodiosa voz de los actores de moda me ensueña con rostros bellos y angelicales. Se van formando las siluetas y perfiles de mis primeros ídolos juveniles. Luego, al verlos en el teatro, vendrá a veces la desengañadora criba. ¡Cielo santo, aquel actor que tan bien declamaba es feo, regordete y bajito¡

Habitualmente paseo con mis amigas en bicicleta. Al modo de los exploradores de los tebeos del Coyote, no me queda rincón por escudriñar desde el Barrio de Heliópolis al Parque de María Luisa.

Cada viernes se rompe la monotonía. Nos sentamos en el palco lateral del teatro San Fernando durante la sesión de tarde. No os voy a negar que apenas se ve nada, pero es que vamos de gañote, invitadas por el más famoso crítico teatral sevillano.

Éste, que es el tío y padrino de mi amiga, nos ha concedido pases de favor. Allí actuamos de claque, lo que en el lenguaje moderno sería como “fans” impenitentes. Damos un minuto de aplausos y gritos de bravo cuando se levanta el telón y al acabar cada acto de la función. Y cinco minutos de ovación –en que parece que las palmas de las manos nos vayan a salir ardiendo- cuando finaliza. Y todavía nos queda la propina: contarle al generoso tío de mi amiga pormenorizadamente cuanto ha ocurrido. Y es que este señor tan importante no tiene por qué molestarse en acudir, lo suyo es darle al “magin” y deletrear cuartillas en el escritorio de su gabinete, cómodamente instalado con su pipa, su bata y sus pantuflas.

(¢) Carlos Parejo Delgado

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